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Durante la última dictadura cívico-militar en Argentina, la censura fue una herramienta de control.

Los militares sostenían que algunas canciones, historias y películas representaban una mala influencia para la juventud e iban en contra de los valores que profesaban. Según el presidente de facto Jorge Rafael Videla, había que evitar “cualquier lavado de cerebro, confusiones a nuestra juventud y desapegos a nuestros valores tradicionales”.

Por ende, la solución fue silenciar. Así, durante lo que llamaron “Proceso de Reorganización Nacional”, prohibieron películas, canciones, libros y programas de televisión. Los artistas fueron perseguidos y llevados al exilio, y la cultura quedó suprimida en pos de “reorganizar” a la nación argentina, además de llevar a cabo la desaparición forzada de miles de personas.

Ya mucho se ha escrito sobre la censura en la época de la dictadura. Pero hoy la conversación se reabre. A 50 años del último golpe militar en Argentina, vamos a analizar qué pasó con el rock nacional e internacional entre 1976 y 1983, y por qué importa seguir haciendo circular estas canciones.

La música amordazada

El rock nacional apenas existía cuando los militares tomaron el poder en Argentina, y ya era objeto de persecución.

Quizá por el pelo largo, la forma de vestir o las letras de las canciones, pero a los rockeros se los tachaba de hippies, de drogadictos y hasta se pensaba que el rock era extranjerizante, según el documental Rock y dictadura del ciclo Completo 2011 emitido en Much Music.

El estigma que el movimiento cargaba no hizo más que exacerbarse, cuando el 24 de marzo de 1976 Argentina quedaba bajo el mando de una junta militar, marcando el inicio de una época oscura y violenta.

Bajo el pretexto de que las canciones promovían ideas que iban en contra de los valores cristianos y pervertían a la juventud, los militares prohibieron a las radios reproducir muchas canciones que abarcaban desde rock, tanto en castellano como en inglés, hasta folklore y canciones infantiles.

Recién en el 2009, el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) dio a conocer la lista de canciones prohibidas entre las que figuraban Viernes 3 AM de Serú Girán por hacer referencia al suicidio, o Me gusta ese tajo de Pescado Rabioso con su tenor sexual.

Además, había palabras que no se podían pronunciar. Así, El fantasma de Canterville, compuesta por Charly García para León Gieco, se tuvo que cambiar de “ay, si pudiera matarlos” a “ay, si pudiera odiarlos”.

Muchas canciones sufrieron cambios. Los músicos recurrieron a las metáforas y las figuras literarias para poder publicar su material.

En cuanto al panorama musical internacional de los años 70 era bastante amplio. Desde la música disco al hard rock, o el punk con los Ramones y los Sex Pistols, e incluso apareció la llamada nueva ola de heavy metal británico con grupos como Iron Maiden y Def Leppard.

Pero muchas canciones de esta época también fueron censuradas e incluidas en la lista negra, como:

  • Another Brick in the Wall de Pink Floyd,
  • Cocaine de Eric Clapton,
  • Lay Down Make Love de Queen

Todas estas canciones se consideraban inapropiadas, incitaban al uso de drogas, a la rebelión y a la perversión.

En los 80 hubo un quiebre en tanto silencio. La restricción del rock en inglés fue mayor durante el conflicto por las Islas Malvinas en 1982. Pero curiosamente, esto propició el regreso de la música nacional. Folklore, tango y rock volvían a sonar abiertamente.

Así, el 16 de mayo de 1982 se llevó a cabo el Festival de la Solidaridad Americana, con el fin de reunir artículos para los combatientes en Malvinas, que contó con la participación de artistas como Charly García, Nito Mestre, Litto Nebia, Luis Alberto Spinetta, y muchos más.

Con el regreso de la democracia, el rock volvió a las calles y salió a cantar todas sus verdades: Los hermanos Moura en Virus cantaban sobre la detención de su hermano Jorge en la canción Ellos nos han separado, mientras que los Twist lanzaron Pensé que se trataba de cieguitos y hablaban de las detenciones con tono humorístico.

Cantar la historia

Si entendemos las canciones como textos que cuentan una historia, seguir escuchando y haciendo circular la música creada durante y después de la dictadura es clave para sostener la memoria.

Contar qué pasó, cómo se vivió, qué se sintió y dar la posibilidad a generaciones posteriores de poder conectar con ese recuerdo no vivido.

La memoria vive en los relatos y en esos libros, esas películas, esas canciones que fueron silenciadas y que luego volvieron a sonar.

También se sumaron nuevas canciones que llegaron luego de finalizada la dictadura, pero que clamaron por los vestigios que dejó esta era. Por ejemplo, Indultados de Kapanga hace referencia al perdón otorgado a los militares partícipes, o Vuelos de Bersuit Vergarabat sobre los vuelos de la muerte.

La censura durante la dictadura silenció al rock, pero no lo destruyó. Hoy suena más fuerte que nunca.

 Autor: Melina dubij

 

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